El aborto
El aborto constituye un importante problema moral de nuestros días. La
relajación de las leyes contra el mismo, en muchos países como en Colombia, y
la propaganda en favor de más relajación, lo ha puesto a la orden del día.
Necesitamos distinguir cuidadosamente entre la moralidad del aborto mismo y la
supuesta moralidad de su legalización.
El aborto se define como la expulsión de un feto de su matriz antes de que sea
viable, esto es, antes de que pueda vivir fuera de la madre. No es el
alumbramiento prematuro de un feto viable. El acelerar el nacimiento no es un
acto malo si el niño puede mantenerse vivo, pero presenta un riesgo tan grave,
con todo, que se requieren razones de mucho peso para autorizarlo. Podrá
justificarse acaso por el principio del doble efecto, siendo las razones
proporcionadas el peligro para la salud de la madre, del niño o de ambos, si se
permite que la gestación llegue a su término natural.
El
principio del doble efecto no tiene aplicación en los casos de aborto directo.
El acto mismo es directamente destructor del feto, y el efecto malo, esto es,
la muerte del feto, no es solamente un efecto lateral permitido, sino que es el
medio utilizado para la realización de cualquier efecto bueno que pueda
resultar para la madre. Puesto que las dos primeras condiciones del principio
del doble efecto no se verifican, no importa que haya o no una buena intención
y una proporción suficiente. Resulta inútil, por consiguiente, intentar una
justificación moral cualquiera del aborto directo sobre la base del principio
del doble efecto. Cualquier justificación, de ser posible, necesitaría basarse
en otros principios.
En el texto de la deliberación
moral en bioética plantea Diego José García que “La clásica separación entre
vida buena y justicia, entre espacio privado y público, es muy cuestionable
desde la perspectiva de las éticas aplicadas: “Si lo bueno alcanza una
relevancia moral”; se puede interpretar desde el punto de vista si el aborto
conlleva a que la moral de la persona que lo cometa se encuentre bien está bien
hecho, pero desde el punto de vista social se podría ver como un rechazo.
El aborto puede ser espontáneo, en lo que no hay culpa de nadie, o
inducido, esto es, producido voluntariamente. El aborto inducido puede ser
indirecto, esto es, la consecuencia prevista, pero no querida de hacer alguna
otra cosa, o directo, esto es, la expulsión del feto, perseguida como un fin o
como un medio. El aborto directo se designa como terapéutico, si el propósito
es salvar la vida o la salud de la madre, o como criminal, si el propósito es
algo distinto, no aceptado por las leyes.
El aborto se define como la expulsión de un feto de su matriz antes de que sea viable, esto es, antes de que pueda vivir fuera de la madre. No es el alumbramiento prematuro de un feto viable. El acelerar el nacimiento no es un acto malo si el niño puede mantenerse vivo, pero presenta un riesgo tan grave, con todo, que se requieren razones de mucho peso para autorizarlo. Podrá justificarse acaso por el principio del doble efecto, siendo las razones proporcionadas el peligro para la salud de la madre, del niño o de ambos, si se permite que la gestación llegue a su término natural.




